Pues como bien narra el título, llevo un mes -y medio día- en la región de Saarland.
Durante este mes he reído, llorado, odiado, echado de menos y mil cosas más. Los primeros días en familia, con ganas de tirar por el río a primas y hermanas. Los siguientes días en Köln, con las prisas, los mapas, la búsqueda de calles, la catedral, la fiesta, los alemanes altísimos y el atardecer a la orilla del Rin.
Y Saarbrücken…Saarbrücken con su Bahnhofstrasse y sus tiendas. Con su Rathaus neogótico, su teatro construido por Hitler, la Johanneskirche, sus casitas típicas alemanas, el Johanner Markt…
Saarbrücken con los españoles, algunos italianos, franceses, brasileños y demás Erasmus. La danza kuduro que sólo los españoles saben bailar. Los turcos pesados salidos de ninguna parte. Las excursiones al Saarschleife, los planes para ir a Suecia, la espera para París.
Los móviles que no funcionan, los autobuses que se escapan, las bailes estúpidos, los días nublados que acaban con sol.
Este mes se puede resumir en eso, pero también puedo explayarme páginas y páginas. Y entonces esto sería un infierno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario