sábado, 15 de octubre de 2011

Köln, Cologne o Colonia.

Bueno, como prometí en  la última entrada, procedo a relatar mis aventuras y desventuras en Köln, Cologne o en Español, Colonia. Pero la voy a llamar Köln, que tengo que practicar alemán y es más corto.
Köln es una ciudad alemana (obviamente) situada a orillas del Rin con una catedral enorme y mucha gente pululando allí…y poco más. Como ciudad monumental no tiene mucho más…al menos para mí.

Pero ezo, que me planté en Köln el día veinticuatro de septiembre a no recuerdo qué hora. (¿Sabéis lo difícil que es escribir esto y ver Crónicas Vampíricas a la vez?) Tras media hora esperando a Isa (No porque no estuviera, si no porque los móviles en la Hauptbahnhof de Köln pierden la cobertura. Hasta que nos encontramos…He de decir que lo que me impactó de Colonia en un primer momento fue la salida de la estación de trenes. No por nada, es que salir y encontrarme con la Dom me dejó en plan de “OhmeinGott”.
Total, que nos fuimos a su residencia a dejar mi equipaje. Durante esos días soleados de finales de octubre, nos dedicamos a hacer papeleo y a vaguear. Bueno y a andar. Porque Isa se empeñó en ir a no sé qué sitio del Rin a tumbarnos a la bartola.

Tuvimos nuestro día de turismo (que fue el mismo día que nos tumbamos a la bartola en la orilla del río, porque hacía un caló que la vin compae) y vimos la Dom, y el puente y todo eso. Vamos, de guiris total.
El resto de la semana, pues estuvimos viendo Gossip Girl como si la vida nos fuese en ello. (Nos terminamos una temporada y más de media…cuando digo algo es en serio.) Y luego ya el viernes pues salimos de fiesta, por eso de que decían que en Colonia hay mucha. Y vaya si la hay. Nos bebimos un intento de cerveza (porque eso estaba asqueroso) y nos bajamos a la pista de baile que estaba abajo. Allí nos encontramos con unos españoles (¿Hola? ¿En Alemania sólo hay españoles? Jajajaja) a los que despachamos en medio segundo, y nos encontramos con otros españoles, pero los que venían con nosotras. Y no sé qué más…ah, sí, que algún pájaro me puso su camisa delante de mi cara (pero lanzada a mansalva ¿eh?) y casi muero del susto y que a Isa la persiguió un tío muy raro. Y nada, nos echaron de la discoteca. Junto a los italianos. Ay que ver, siempre somos los últimos, los compadres italianos y los españoles…curioso.
Y nada, al día siguiente dormimos mucho (o al menos Isa durmió mucho.) y vimos más GG.
Y el domingo salimos otra vez, porque somos guays y había que celebrar la caída del muro de Berlín por todo lo alto. (Porque el 3 de octubre es fiesta nacional de Alemania por este motivo, aquí, culturizando un poco) Esta vez me tuve que comer mis ganas de dar un “zas, en toda la boca” por educación, supongo, o por no crear bronca, que bastante acojonada estaba con tantos alemanes tan altos. ¿Por qué tienen que ser taaaaaaaaaaan altos? Imponen mucho, macho. Pero es que no puede llegar uno a una española y decirle “Hola, soy Frickencio y tengo los ojos verdes” porque a mí me dan ganas de soltarle un “enhorabuena, campeón, yo también, así que únete al club” y no pude. Y me tuve que conformar con un triste “ah, vale”. Pero bueno, no estuvo mal la cosa.
Ya al otro día volvimos a ver GG tras volver a hacer turismo. Y el día cuatro me volví a Saarbrücken.
Y fin.

Y sí, se acaba así porque estoy harta de escribir, que me voy a dormir, que mañana me voy de excursión al meandro del Sarre.

Hale, don Dios chatis.

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