jueves, 27 de octubre de 2011

Blablablá


Bien, como se puede observar en el título, esta entrada no tiene sentido.
Sólo quiero decir dos cosas:

Una: No he borrado ciertas fotos porque me gusta ese sitio de Granada y porque ese día me veo medianamente aceptable. Las otras dos personas que en salen en esas fotos por mí se pueden ir al infierno. Una por ser una suprema hija de banshee y otra por no molestarse en mandar ni un triste privado a Tuenti. He sentenciado.

Dos: Me arrepiento de sobre manera de haberme cortado flequillo. En diciembre me corto el pelo. He sentenciado again.

Dicho queda. 

domingo, 23 de octubre de 2011

Las cosas buenas y malas


La Erasmus tiene cosas buenas y cosas malas.

Lo bueno que conoces a gente increíble, aprendes otro idioma (o haces el intento), otra cultura, visitas lugares impresionantes y los profesores te suelen tratar con compasión (esto no siempre viene en el paquete Erasmus, seamos sinceros)

Lo malo es que echas de menos a tu familia, a tus amigos y ciertas cosas de tu país (aunque tampoco taaaaaaaanto). Y luego están los momentos en que te sientes forever alone. Y momentos en los que tus “amigos” pasan de ti, así, by the face. Y entonces te cabreas, porque menuda mierda de amigos entonces.

Pero da lo mismo, porque conoces a otras personas que les superan con creces. Y porque empiezas a conocer a algunas personas con las que vas a vivir momentos increíbles e inolvidables.
Los que ahora pasan volverán, vaya que volverán. Y lo sabes porque eres consciente de que este año se acabará, para bien o para mal. Pero lo hará.

Porque ya lo dice La Oreja de Van Gogh: Creímos en las noches que no mueren y al final…me tuve que marchar.

Y nos marcharemos, y volveremos a Granada, Kazajistán, Checoslovaquia y Nueva Zelanda.
La pregunta que debemos hacernos es si nos habremos ganado el que alguien nos espere con una sonrisa a la vuelta. 

sábado, 22 de octubre de 2011

Un mes en el Sarre

Pues como bien narra el título, llevo un mes -y medio día- en la región de Saarland.
Durante este mes he reído, llorado, odiado, echado de menos y mil cosas más. Los primeros días en familia, con ganas de tirar por el río a primas y hermanas. Los siguientes días en Köln, con las prisas, los mapas, la búsqueda de calles, la catedral, la fiesta, los alemanes altísimos y el atardecer a la orilla del Rin.

Y Saarbrücken…Saarbrücken con su Bahnhofstrasse y sus tiendas. Con su Rathaus neogótico, su teatro construido por Hitler, la Johanneskirche, sus casitas típicas alemanas, el Johanner Markt…
Saarbrücken con los españoles, algunos italianos, franceses, brasileños y demás Erasmus. La danza kuduro que sólo los españoles saben bailar. Los turcos pesados salidos de ninguna parte. Las excursiones al Saarschleife, los planes para ir a Suecia, la espera para París.
Los móviles que no funcionan, los autobuses que se escapan, las bailes estúpidos, los días nublados que acaban con sol.

Este mes se puede resumir en eso, pero también puedo explayarme páginas y páginas. Y entonces esto sería un infierno. 

miércoles, 19 de octubre de 2011

Ya lo dijo Oscar Wilde...

“No existen más que dos reglas para escribir: Tener algo que decir y decirlo”

Pues yo tengo que decir algo muy importante:

¡Odio las bandas tributo a los Beatles!

Y es un odio visceral, de esos que hacen que me dé un tick en el ojo y quiera asesinar a cualquiera que se atreva a rebatirme. Que no, que no puedo.

Pues dicho lo importante, marcho a clase de Traducción.
Prometo una entrada decente sobre mi vida en Saarbrücken y otra muy útil sobre la ciudad antes del lunes. Y también le prometo a A terminar el trocito de Remusín que tenía empezado.

PD: Mi fic me acaba de recordar que hace como  3 o 4 días que no leo fics. Joder, el tiempo ni corre ni vuela, va en Fórmula Uno macho.

sábado, 15 de octubre de 2011

Köln, Cologne o Colonia.

Bueno, como prometí en  la última entrada, procedo a relatar mis aventuras y desventuras en Köln, Cologne o en Español, Colonia. Pero la voy a llamar Köln, que tengo que practicar alemán y es más corto.
Köln es una ciudad alemana (obviamente) situada a orillas del Rin con una catedral enorme y mucha gente pululando allí…y poco más. Como ciudad monumental no tiene mucho más…al menos para mí.

Pero ezo, que me planté en Köln el día veinticuatro de septiembre a no recuerdo qué hora. (¿Sabéis lo difícil que es escribir esto y ver Crónicas Vampíricas a la vez?) Tras media hora esperando a Isa (No porque no estuviera, si no porque los móviles en la Hauptbahnhof de Köln pierden la cobertura. Hasta que nos encontramos…He de decir que lo que me impactó de Colonia en un primer momento fue la salida de la estación de trenes. No por nada, es que salir y encontrarme con la Dom me dejó en plan de “OhmeinGott”.
Total, que nos fuimos a su residencia a dejar mi equipaje. Durante esos días soleados de finales de octubre, nos dedicamos a hacer papeleo y a vaguear. Bueno y a andar. Porque Isa se empeñó en ir a no sé qué sitio del Rin a tumbarnos a la bartola.

Tuvimos nuestro día de turismo (que fue el mismo día que nos tumbamos a la bartola en la orilla del río, porque hacía un caló que la vin compae) y vimos la Dom, y el puente y todo eso. Vamos, de guiris total.
El resto de la semana, pues estuvimos viendo Gossip Girl como si la vida nos fuese en ello. (Nos terminamos una temporada y más de media…cuando digo algo es en serio.) Y luego ya el viernes pues salimos de fiesta, por eso de que decían que en Colonia hay mucha. Y vaya si la hay. Nos bebimos un intento de cerveza (porque eso estaba asqueroso) y nos bajamos a la pista de baile que estaba abajo. Allí nos encontramos con unos españoles (¿Hola? ¿En Alemania sólo hay españoles? Jajajaja) a los que despachamos en medio segundo, y nos encontramos con otros españoles, pero los que venían con nosotras. Y no sé qué más…ah, sí, que algún pájaro me puso su camisa delante de mi cara (pero lanzada a mansalva ¿eh?) y casi muero del susto y que a Isa la persiguió un tío muy raro. Y nada, nos echaron de la discoteca. Junto a los italianos. Ay que ver, siempre somos los últimos, los compadres italianos y los españoles…curioso.
Y nada, al día siguiente dormimos mucho (o al menos Isa durmió mucho.) y vimos más GG.
Y el domingo salimos otra vez, porque somos guays y había que celebrar la caída del muro de Berlín por todo lo alto. (Porque el 3 de octubre es fiesta nacional de Alemania por este motivo, aquí, culturizando un poco) Esta vez me tuve que comer mis ganas de dar un “zas, en toda la boca” por educación, supongo, o por no crear bronca, que bastante acojonada estaba con tantos alemanes tan altos. ¿Por qué tienen que ser taaaaaaaaaaan altos? Imponen mucho, macho. Pero es que no puede llegar uno a una española y decirle “Hola, soy Frickencio y tengo los ojos verdes” porque a mí me dan ganas de soltarle un “enhorabuena, campeón, yo también, así que únete al club” y no pude. Y me tuve que conformar con un triste “ah, vale”. Pero bueno, no estuvo mal la cosa.
Ya al otro día volvimos a ver GG tras volver a hacer turismo. Y el día cuatro me volví a Saarbrücken.
Y fin.

Y sí, se acaba así porque estoy harta de escribir, que me voy a dormir, que mañana me voy de excursión al meandro del Sarre.

Hale, don Dios chatis.

viernes, 7 de octubre de 2011

El ser humano es bueno por naturaleza.

Estoy en Alemania, echo de menos a mi familia y a mis amigos, pero aquí estoy yo, siendo sadomasoquista y mirando fotos del cretácico por lo menos. Todo porque me apetecía poner una foto de perfil en la que saliese con el pelo corto.
Y aquí sigo, de Erasmus, a las 00.07 de un nuevo día y rezando porque empiecen de una vez las clases. Que sí, que menuda pedazo de aburrida debo ser, y supongo que lo soy, pero me da lo mismo, hoy me da todo igual.

Pero centrémonos en la cuestión principal, que no es mi viaje a Colonia –eso será en la siguiente entrega, I promise- si no el hecho de cómo me he sentido al ver las fotos de primero de carrera. (Me siento como mi madre hablando de sus años mozos…me estoy haciendo mayor, y eso no me gusta.)

Las novatadas…mis adoradas novatadas. Recuerdo que llegué con ganas de comerme el mundo. Deseaba ser intérprete en la ONU, y eso iba a ser fácil, por supuesto. E iba a estar todos los días de fiestón, pero sin resaca, por supuesto. Iba a tener unas compañeras de cuarto fabulosas e íbamos a ser amigas para siempre. El Colegio Mayor era el mejor, si no del mundo, de Granada, al menos bajo mis ojos. Y yo era guay, y me llevaba bien con todo mi “guay-mundillo”, por llamarlo de alguna manera. Me gustaba ser el centro de atención en todas las movidas… ¿Qué una veterana necesitaba una novata a la que mandar por números de teléfono terminados en tres? Ahí estaba yo. ¿Qué un veterano me mandaba cantarle “Clavelitos” a un novato cualquiera? Ahí volvía a estar yo, aunque acabara de terminar de cantarle Nino Bravo a otro novato de turno. ¿Cantamos “Pimpinela” haciendo el mongolo? Yo la primera.
¿Y todos estos sueños y esas ganas de comerse el mundo “a bocaos”? Agua de borrajas, señores, simple agua de borrajas.

A punto de comenzar tercero sé que jamás llegaré ni a intérprete, ni a la ONU. Tampoco estoy de Erasmus en París, si no en Saarbrücken, una bonita ciudad alemana a orillas del Sarre. Esto es lo más cerca que estaré jamás de la Sorbona. Tremendamente ambicioso, sí señor.

También he salido de fiesta todos y cada uno de los días del año. El hecho de que en primero me sobraran todos los permisos del primer trimestre no dice nada. NA-DA. En realidad eso no significa que lo pasara mal, mi parte vaga era feliz, porque claro, no podía salir sin mis amigas, esas encantadoras personitas que, aunque tenían sus defectillos, yo adoraba. ¿Qué el plan para el viernes era dar un paseo hasta Mesones y volver a encerrarse? Bueno, tampoco estaba tan mal…total, sólo era viernes y yo sólo tenía dieciocho años.
Tenía unas maravillosas compañeras de habitación. De hecho, eran tan geniales que en marzo tuve que cambiar de habitación por el hecho de que me llenaban tanto, que la habitación se me quedaba pequeña. Podía contar con ellas para todo. Si estaba enferma eran tan buenas que regañaban a todo el pasillo para que no me despertaran. También me dejaban dormir todos los viernes, el único día de la semana en que tenía una hora más de sueño a mi disposición. Y me acompañaban a cualquier sitio. También me dejaban libertad para salir con otras chicas del colegio, y jamás se molestaban. Y si algún día no las veía porque ellas estaban estudiando y yo prefería estar en ordenadores perdiendo el tiempo, ellas lo respetaban, jamás me presionaron para estar con ellas, ni tampoco me hicieron elegir entre ellas y el resto de mis compañeras. Tenían un tono de voz tan dulce, que sus voces eran como una ligera brisa de primavera. Y es que…eran maravillosas.

Miro las fotos de entonces, en esos pubs que siempre frecuentábamos…y veo que era feliz. Me reía, lo pasaba bien.

Sin embargo segundo…no sé qué demonios cambió. Supongo que todo. Empecé el curso de varias maneras. En el Colegio Mayor enfadada…ya no brillaba todo como antes. Supongo que después de todas las misas, los jueves haciendo guardia a las cinco de la mañana, el respetar las normas y aguantar ciertas charlas para después verme relegada a…una habitación triple…dolió. Quizá es un poco melodramático, pero en mi interior pensaba que había sido una buena chica, cumpliendo con todo, y que me merecía una individual, por supuesto. Personalmente, ahora creo que es una estupidez, la verdad, pero en esos momentos…llamémoslo “rabieta infantil” y es que sólo tenía diecinueve años. Además, eso había roto los esquemas de mi “maravillosa” vida. Yo, que tanto había querido destacar, relegada a una habitación triple con dos “niñas” desconocidas. Y gente que, a mi parecer, no lo merecían, con individual. Sigo pensando que no las merecían, pero bueno, ahí dentro es como en la Época Feudal. Y a mi pues me tocó ser campesina. (Ay que ver que poético me está quedando todo)
Y el curso escolar…resumámoslo en resignación. Una resignación bien aceptada en verano, cuando todo se ve más fácil, pero que se hace cuesta arriba a la primera semana. Porque a los profesores no les importa si tú tienes ansias de grandeza. Si sabes alemán bien, si no te jodes, hablando mal y pronto. Suspensos, profesores incompetentes, trabajos desesperantes, el Sandmann, documentación, Grimm, Parrault y tout sa famille…y presión. Presión que te hacen sentir al forzarte a que creas en algo en lo que se supone que ya crees y que llevas haciéndo toda la vida. Visitas a un señor muy bueno y muy santo que te pregunta si tus padres son ricos y si tienes novio. Y te dice que vuelvas, todas las semanas. Luego te busca una mujer, una que se encarga de “guiarte” y te da consejos, te escucha, aunque para ello tenga que meter el bisturí en la llaga, aunque pique y escueza.
Y me entran escalofríos sólo de pensar en que podría haber caído. Porque dicen que la fe mueve montañas, y vaya si es cierto. Por la fe se hacen muchas cosas, cosas que a veces resultan fatales para nuestra felicidad.

Y en febrero llegó la oscuridad. Algunas personas fueron apagando poco a poco la luz. Sin que nadie se diese cuenta, hasta que de pronto nos quedamos a oscuras. De la Edad Oscura no voy a hablar, al menos no todavía. Eso tendrá su capítulo, pero todo a su debido momento, y con su debido sarcasmo. Sin embargo, había una luz al final del túnel. Una luz que eclipsó toda la oscuridad anterior.

Y fin, hale, ya está. Fuimos felices y comimos perdices.

Estas dos hojas podrían resumirse en que, en  estos dos años de universidad he aprendido y comprendido que Cenicienta no llevaba razón con eso de que los sueños se hacen realidad…si no habría demasiados intérpretes en este mundo, así como “estrellas” como Miley Cirusa y Justino Bieber, y con uno de cada tipo tenemos bastante, gracias. Y he terminado aceptando que la amistad es algo precioso, sí, pero que no es algo que se gane a la primera de cambio, y que los pequeños detalles cuentan. Y cuatro años después, le he ganado la batalla a mi profesora de Filosofía, que se empeñó en creer a Sócrates con eso de que “el ser humano es bueno por naturaleza” ¡Los cojones! El ser humano es egoísta, interesado, déspota si tiene oportunidad y, en general, malo.
A pesar de que no considere ni a mi familia ni a mis amigas de esta manera.

Ea, ahora sí he acabado. Um…sí, ya he criticado bastante por hoy. 

PD: Al releer esto parezco una frustrada de la vida. Mañana me busco algo que hacer, que el aburrimiento me convierte que "Quejicus"