viernes, 2 de septiembre de 2011

Harry Potter vs Crepúsculo.

Querid@s lectores de este, mi blog:
El segundo post que escribo en mis veinte años de vida se lo voy a dedicar a Atenea y a Azu. No porque sean mi amigas y todas esas cosas, si no porque sé que apreciarán el contenido de esta entrada.
¿Crepúsculo o Harry Potter?
Algunas niñas de clase de mi hermana y del inmensísimo ciberespacio afirman sin ninguna duda que Crepúsculo. Es obvio. Un “vampiro” tremendamente potente que se enamora de una sosa feúcha. Además, es lectura ligera, con frases simples, muchos puntos y en el caso de Luna Nueva varias páginas con UNA sola palabra escrita en ellas. Vamos, igual que El Quijote.
Harry Potter, sin embargo, es otro cantar. Allí no sólo aparecen personajes para dar y regalar, también tiene frases largas. Y nombres raros. Y enseñan valores. Y da juego a la imaginación. Claro ¿para qué queremos los jóvenes de hoy en día valores como la amistad, el amor o la valentía? Pues para nada, incultos, para nada. Habiendo vampiros que nos van a librar de las dificultades de esta vida…
Además, Crepúsculo también nos enseña muchas cosas.
Lo primero, chicas, es que si un día tenemos un novio y nos deja en medio del bosque, lo mejor es tumbarse en el suelo y dejar pasar las horas plácidamente, pues vendrán los hombres lobo a salvarte. Porque los licántropos son seres dulces. Vamos, perritos de peluche achuchables. Sí, sí, esa descripción que se ha dado siempre de “monstruos devora niños” es totalmente falsa. Que se lo digan a Remus Lupin…digo a Jacobo Black.
Otro valor que nos enseña Crepúsculo es la amistad. Que casi se me olvida. Porque claro, Bella Cisne es una gran amiga. ¿Qué tu novio te deja tirada en medio de la Selva Negra? Don’t worry, llama al perro-indio. Un pagafantas de los de toda la vida, pero petado a anabolizantes. Un chollo, señores. Además, el chico te consuela, te devuelve esas ganas de vivir que habían huido con Eduardo, te regala una moto… ¿Y tú qué haces? Pues vuelves en cuanto Eduardo te hace señales de humo. ¿Qué hay que meterse en la cueva de los súper malos? Pues venga, vamos, total, entre eso y las pulgas del chucho pulgoso… (Con todo mi respeto hacia Sirius Black, él es diferente)
Y otro valor que nos enseña Crepúsculo es…es…me he quedado sin argumentos. Lo siento, crepusculeras, lo he intentado. Ahora quizá los que lean esto (que no creo que sean muchos) y sean fans de la saga vampírica, empezarán a despellejarme y echarme alcohol (Azu, esto va por ti…jajajaja) porque hablo de su saga sin saber. Pues no, people, aquí una servidora se ha leído los libros. Y tengo que reconocer, muy a pena mía, que a mis dulces e ignorantes dieciséis, caí bajo el influjo vampírico. Sí, yo también fui de esas de “ohdiosmíoEdwardteamomuérdeme”, pero gracias a Dios, Morgana, Slytherin o Buda, esa etapa pasó. (Gracias madurez, nunca te estaré suficientemente agradecida)
Sin embargo, el gafotas de Potter lleva conmigo desde que tenía diez años. Y ahora tengo veinte. Echad cuentas. (Y no, madurez, ahora no hace falta que aparezcas) A día de hoy, tras haberme leído cada uno de los siete libros como mínimo un par de veces (En realidad los cinco primeros han sido más…muchas más…jaja) sigo sintiendo los mismos nervios cuando abro La Piedra Filosofal o La Cámara Secreta. Y sigo llorando cual magdalena con la muerte de Siriusín. O con la de Remus, o con la de Dobby… En fin, que me sigue alucinando.
Harry Potter me enseñó a ser muchas veces una insufrible sabionda como Jermaini. Gracias a esto los estudios no me han ido del todo mal.
También me dio la oportunidad de soñar con magia, unicornios, gryndilows, hombres lobo que tienen una forma humana adorable e increíblemente buena, pelo de color azul turquesa, sirenas que son feas…
Los Merodeadores me enseñaron que a pesar del odio, se tiene que tener compasión con los enemigos, a imaginarme bromas sobre cabezas reducidas y rosas…Que la perseverancia al final tiene sus resultados (que se lo digan a Lily Evans ;D), que a veces las creencias de la familia no son las más adecuadas o que hay que ser tolerante, ya seas humano, reno, hombre lobo o un ornitorrinco verde.  (¿Se nota mucho que los Marauders tienen mi corazoncillo ganao?)
Hermione no se desmayó cuando Ron se largó dejándola a ella y a Harry con el marrón. No, la tía siguió a lo suyo, vamos, lo que se dice salvando el culete a todo el mundo mágico.
Por no hablar de la de chicos guapos que hay, que ya quisiera Edward Cullen. Porque vale, Harry y Ron… pero… ¿Bill Weasley? (Ojo, NO el de la película xD) con ese pelazo y ese colmillo de dragón…grrr…jajajaja. ¿Y Draco, el malote de Slytherin? Y encima rico. ¿Y Remusín? ¡Pero si es lo más mono y adorable que puede haber! Con sus libros, así, tan modosito, con su pequeño problema peludo a cuestas…Por no hablar de Sirius Black, porque ya quisiera el Eduardo de las narices llegarle a los bajos de la túnica a Siriusín. Tan guapo, rebelde, con ese pelo que cae con elegancia y naturalidad…con esas idas de olla que le daban a él. Vamos, que se te parte el alma cuando lo ves caerse por el velo. ¡Cuánto he llorado yo por este hombre! Pero vamos, que os podéis ir todas con Eduardo, que yo me quedo con Sirius “topamí”, sin ningún problema.
Y como CLARAMENTE Harry Potter le pega diez millones de vueltas a la bola de discoteca con patas que es Edward Cullen, lo dejo ya, que sé que soy muy pesada cuando se trata del gafotas.
Os dejo la que creo que es mi imagen favorita de todas las películas. No porque sea maravillosa, pero, a mi modo de ver, expresa el paso del tiempo, con todas las desgracias, y sin embargo, miradles, los tres ahí abrazaditos ellos, que para eso han sobrevivido. (De momento...) 


¡Travesura realizada! ;D

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