jueves, 19 de enero de 2012

Porque estoy bien lejos...


Esto es lo máximo que puedo ofrecerle a mi amiga ¿Por qué? Porque estoy a…dos países enormes completos de ella. En realidad me gustaría levantarme de la cama del cuarto de al lado, llamar a su puerta y ponerme a cantar a todo pulmón -con mi maravillosa, encantadora, dulce, armoniosa, llamativa y ese largo etcétera de adjetivos que, ni de coña, acompañan a mi voz- el cumpleaños feliz. Primero en español, después en inglés, francés españolizado y hasta alemán. Pero no, tengo que conformarme con unas cuantas palabras escritas en una plataforma virtual. Y es que Laura se merece mucho más, por el simple hecho de que es mi amiga. Y yo a esa palabra le doy una importancia infinita.

Laura a veces me saca de quicio, y eso ella lo sabe muy bien. Que si Laura es torpe (que lo es, mucho. Creo que es, con diferencia, la persona más torpe que yo haya conocido jamás, y eso que yo misma me consideraba la torpeza hecha persona. O lo que quiera que yo sea.), que si Laura es boba (que también lo es. Sólo a ella se le podría ocurrir pensar que tiene Síndrome de Dawn “porque tiene la lengua muy grande” ¿hola? Sí, esa es mi amiga.), que si Laura es una caprichosa con la comida (Cierto también. La de problemas con el menú que tenemos, no os los imagináis.), que si es un desorden…

Sin embargo, Laura es buena. Sí, así, sin más. Es buena. No es una santa, no nos confundamos, ya que, cuando la situación lo requiere, puede dejarte por los suelos –que se lo pregunten a cierto sapo. O a todos los “campeones”- pero es lo que yo considero una buena chica. Tiene esa inocencia que muchas veces la convierte en víctima de las “bromitas” de Ate y P, y ella se enfurruña y todas esas cosas. También es suficientemente buena como para meterse debajo de una cama si te ve llorando por las esquinas por culpa de los exámenes. O para comprar zumo de manzana y chucherías para un regimiento. Y para pasar todas las mañanas a despertarte para desayunar. Y para no soltarle las cuatro cosas que algunas piezas se merecen. Y para cambiarse de lado cuando le digo “Laura…”

Laura y yo tenemos algunos problemas, especialmente cuando andamos por la calle con alguna tercera persona con nosotras (ojo, que solitas podemos ir perfectamente bien a todos los sitios), pero francamente, Laura no sería para mí “Laura”, sin ellos.

Laura consigue ponerme triste y hacerme reír cada vez que me encuentro un privado (o me lo dice Atenea por Skype) “Luiseeeeeeeeeeeeeeeeeeela, te echo de menos. Paula y Atenea son malas conmigo”. Porque las echo de menos. Aunque esté de Erasmus y por un lado no quiera que este año acabe jamás. Siguen siendo mis amigas. Y toda esa morriña por Granada, en parte se la debo a ellas. Cada foto que veo de cada rincón de esa ciudad, me recuerda a ellas.

Por todas estas cosas y por las que quedan entre ella y yo, quiero a Laura y es una persona especial en mi vida.
Que mañana sea un bonito día para ti. :)

Oh, por cierto…
¡FELIZ CUMPLEAÑOS!